Portada Los errores, Revueltas

“Los errores” de José Revueltas: o cómo llegará el increíble y venturoso día.

Una letrilla sobre el libro Los errores de José Revueltas, que lo mismo podría ser un ensayo que se titule: ¿cómo llegará el increíble y venturoso día? El día en que el sistema cambie.


¿Existe un juego más delicioso que hacer de los planteamientos filosóficos una representación literaria?

Los errores, de José Revueltas, nos guía a través de una historia de confrontación dialéctica entre el idealismo y la materialidad, la inquietud del tiempo de Revueltas. Los errores es una novela de reflexión ideológica, si Hegel nos presentó el viaje del Espíritu Absoluto, Revueltas pretenderá hacer el del No-Absoluto. Una novela de reflexiones tiene que provocar las reflexiones.

La narrativa inicia con la fuerza de la antítesis, de la violencia, la frustración freudiana de Mario Cobián, el amor indecible a la madre y la excitación sexual por la violencia; sin duda, la seducción posmoderna se anuncia: crimen y sexo se unen en el amanecer.

La “larga jornada amorosa” empieza con los recuerdos: el disparo a la ventana cuando el niño descubre su sexualidad, las miradas indiscretas a la madre, los golpes a Lucrecia justificados por el deseo del hombre, y se incrementa el goce con el presente, en la repulsión al Elena-no y su respectiva paliza que sabe a caricias.

Portada Los errores de Revueltas
Portada Los errores de José Revueltas

La narrativa es seductora, cauta e impulsiva, en un ambiente de suciedad, asco y pasión. Pronto, sin embargo, cambiará; el autor nos pone en antecedentes: la mezcla de cavilaciones sobre Hegel y el comunismo. Jacobo Ponce es el encargado de “observar” desde la altura de su edificio los designios del Espíritu Absoluto, en su ensayo “El hombre como ser erróneo”, en donde clama una y otra vez por el día venturoso; su insistencia nos hace preguntar: ¿por qué enfatiza la diferencia del día que ha de llegar desventurado o venturoso?

Esta novela se antoja posmoderna. Los triángulos, los vértices, los trayectos, la construcción del espacio y la representación del tiempo apuntalan a Deleuze, a Bataille, al joven Lipovetsky, pero es José Revueltas el que configura, además, personajes conceptuales; ni Jünger ni Camus.

Basta ver el robo a Don Victorino que despliega las acciones, la sombra de Lucrecia que inspira a Mario Cobián a buscar a su Beatriz, sin ser ella la mujer del bien, ni siquiera Eva que incita al pecado, sino Lilith acorralada. ¡Qué incesante juego de provocación por el mal, por la antítesis que reniega del recorrido del espíritu hegeliano! Lucrecia es el mal, la seducción del no-ser que se aferra a su propia creación, es el camino al infierno, aunque ella no lo guía; ella huye.

Los temas se superponen con un erotismo narrativo descarado: el incesto, el asco por la fealdad, la belleza que inspira las lealtades, la fe inquebrantable, la suerte en una especie de síntesis, la palabra de la Divina Providencia como signo de fatalidad, en el adelanto de los sucesos visto por los personajes, o de la expresión innegable del Espíritu Absoluto. ¿No tenía Hegel un libraco llamado Fe y Saber?

¿Los errores: ¿literatura o filosofía? ¿o ninguna de las dos?

Al mismo tiempo el existencialismo y marxismo, se pronuncian contradictorios, ¿es el existencialismo la antítesis? Los conceptos no se hacen esperar: la ética material, el ejercicio absoluto, materialidad histórica, dios, verdad concreta, el bien y el mal; la tesis, más fuerte: ¿el comunismo es el siguiente periodo de la historia universal? Razón y fe están complementándose.

Revueltas acude al hilo de Ariadna, a la bella amante de Nietzsche, la salvación de Teseo. ¡Qué curiosos juegos del destino! No es la URSS, no es el comunismo; es la Alemania romántica, el idealismo, existencialismo y marxismo lo que están en el juego cósmico de Jacobo Ponce, lo que corre por la pluma de un hombre que no se sabe bien por qué está ahí pensando en la sombra de Clemen.

El escenario, no obstante, es México. La tensión constante del mundo, la concepción dialéctica de occidente, como Don Victorino que siente el agua dentro de su cuerpo, mientras el fuego consume al mundo. Los héroes son los anti-héroes. El Ser Absoluto se expresa a través de los hombres, es la subjetivación moral de la inteligencia suprema, de la razón del universo.

El hilo conductor nos lleva de un personaje a otro, como insólitos brincos de la historia, los sucesos devienen paralelos. La continuidad del relato es una especie de dislocamiento espacio-tiempo: el pasado y el futuro convergen en el presente inmediato de los personajes. A la vez que sólo podemos ver la cara de Jano que nos fue vedada por mirar siempre el bien, es el desdoblamiento de dios en el hombre: Dionysus redividus.

Revueltas no se queda en las cavilaciones de una filosofía de su tiempo, va más allá, al posmodernismo de la filosofía del lenguaje, Derrida estaría complacido. Olegario Chávez se dio cuenta al pensar en cómo serían recordados los sucesos: “Cuestiones de semántica, se dijo como si sonriera para adentro”.

En la semiótica se encuentra el destino de los hombres; el discurrir (dotar sentido) de la historia, la fe inquebrantable, la verdad añorada por quienes escriben la oficialidad de los hechos. Pero está lejos de ser “jocoso”, como Olegario lo imaginara, la seriedad le ha arrebatado la risa e inocencia al acto mismo del análisis, a menos que sea el ideal ascético nietzscheano.

La Divina Providencia ha acomodado los hechos novelescos, el robo ha provocado que cada personaje se “acomode” ante la Historia. La intención de cada individuo sobre el efecto ante un hecho, queda borrada. El acto mismo está justificado por la razón del Espíritu Absoluto, lo que considera para el movimiento histórico, ¿se ha equivocado el Absoluto o el comunismo sólo debería ser un paso para fortalecer el sistema político adecuado para la humanidad?

Aceptar el destino podría ser el verso de un poeta, pero como Eladio Pintos lucha, lo hace el mundo. Olegario mantiene sus reflexiones ante el ocaso: “¿Qué significado tendría esto?”. Revueltas se pregunta sobre el nuevo sistema, pero su novela nos sigue haciendo cuestionar ¿qué crimen hace nacer al nuevo sistema? ¿Qué tipo de crímenes hay que cometer para establecer un nuevo orden?

Olegario observa el absurdo histórico, “reflejo de un absurdo ejercicio del poder”. El gran teatro donde la razón es locura. La verdad ya no es verdad. La materialidad histórica y la verdad concreta están supeditadas a los dirigentes. Revueltas retoma otro mito, el de Casandra. Ariadna sólo puede ser amante cuando el sujeto se aferra a la antítesis, porque Casandra ya no será escuchada.

No es la actividad material el agente productor de la conciencia, como lo señala Marx, ni tampoco la razón del Espíritu Absoluto el que la produce. Revueltas ha entrampado la reflexión. Los destinos cruzados de los personajes son una mezcla de ambos.

Revueltas acude al epílogo, al “nudo ciego” para explicar la lógica de una dialéctica que supera los hechos, para explicar los errores. Ismael Cabrera ahora toma la palabra para señalar que hay personas que se confunden de modo consciente: “lo que existe por verdadero”. Recurre para ello, a la lógica tradicional, al silogismo.

Imagen Jose Revueltas
José Revueltas

En este punto “la larga jornada amorosa” de un día, las 24 horas que abarca la novela, en el que el viaje del Espíritu Absoluto se encuentra frente a la materialidad histórica, como parte de una razón que los abraza a los dos, va llegando a su fin con grandes horcadas de inhalación para demostrar los errores del silogismo dogmático y nos deja azorados, ¿qué sucede cuando se demuestra una tautología comprobada a través del error con el error? El nihilismo nietzscheano es la conclusión: Todo nos está permitido. El silogismo termina por ser una falacia.

El nudo ciego demuestra la invalidez en el campo semántico, consecuencia sintáctica de una lógica proporcional. Esto nos hace preguntar ¿qué hace Jacobo Ponce en la historia de Los errores? Hegel escribiendo el recorrido del Espíritu Absoluto en la Historia Universal, Jacobo Ponce haciendo lo propio con “el ser erróneo”. Sí, sí era en un venturoso día.

Revueltas estableció en su novela la conciencia de la conciencia. El Espíritu Absoluto no es síntesis, es la tesis, la antítesis es el materialismo marxista. ¡Touché Hegel! Lucrecia no tuvo escapatoria, acepta su esclavitud. Esclavo y amo unidos. ¿Cuándo se libere el esclavo lo hará el amo? ¿Necesariamente hay que pensar al mundo dialécticamente? ¡Touché Marx! Llegará el increíble y venturoso día


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